Se pueden dividir en tres grandes grupos:
- Dietas sin hidratos de carbono.
- Dietas disociadas.
- Dietas de difícil clasificación.
Dietas sin hidratos de carbono:
El objetivo bioquímico de esta dieta es la movilización de los triglicéridos junto a un impedimento simultáneo en la posible acumulación de los mismos, lo cual se logra, pero a costa de otros efectos metabólicos no deseados. La movilización lipídica se logra en parte, porque en la práctica son dietas hipocalóricas y, especialmente porque, al no haber hidratos de carbono en la dieta, no existe el estímulo de la glucemia posprandial que es fundamental para una adecuada producción de insulina, condición necesaria para que nos se produzca la lipólisis. Por otra parte, se produce una disminución del depósito adiposo de los lípidos que proceden de la dieta ya que, cuando éstos alcanzan la vía sistémica y se hidrolizan mediante la lipoproteínlipasa del adipocito, los ácidos grasos que penetran en el mismo necesitan combinarse con el alfa-glicerofosfato, para resintetizar triacílgliceroles. Pero, dado que este compuesto no se forma puesto que procede de los carbohidratos de la dieta, los ácidos grasos son devueltos de nuevo a la sangre.
En función de lo dicho se produce una elevación de los triglicéridos plasmáticos, a partir de los cuales se forman a nivel hepático cuerpos cetónicos parte de los cuales se eliminan por la orina, lo que representa a su vez una pérdida energética, aunque ésta es pequeña. Los citados cuerpos cetónicos, por otra parte, contribuyen a disminuir la sensación de hambre, actuando a nivel hipotalámico. Como consecuencia de lo hasta aquí indicado, la realización de estas dietas aumenta el riesgo de hipertrigliceridemia y cetoacidosis.
Otro fenómeno consecuencia de la falta de hidratos de carbono es la necesidad de formar glucosa para cubrir las demandas de la misma por el sistema nervioso, lo cual ocurre mediante gluconeogénesis a partir del glicerol y sobre todo de aminoácidos musculares, contribuyendo inevitablemente a un aumento de la pérdida de masa magra. Ello se acompaña del aumento de los niveles de ácido úrico en sangre así como de su excreción, como consecuencia del aumento del metabolismo de ácidos nucleicos procedentes de la destrucción celular, aumentando el riesgo de que se desencadene una crisis de gota o se desarrollen litiasis renales por cristales de ácido úrico.
Además de la exagerada movilización proteica lipidica, existen otras posibles consecuencias que desaconsejan el uso de este tipo de dietas y que se exponen a continuación.
- Aterogénesis: Como predominan carnes y derivados, quesos y grasas diversas, estas dietas son ricas en colesterol y grasas saturadas, componentes ambos que elevan el colesterol sanguíneoa y provocan a medio-largo plazo un amento del riesgo aterosclerótico. A esto hay que añadir la hipertrigliceridemia comentada antes.
- Osteoporosis: La cetoacidosis provoca movilización del calcio óseo con efecto temporal, lo que favorece la osteoporosis, hecho de especial gravedad en mujeres postmenopáusicas, colectivo en que se prectican con cierta frecuencia regímenes de adelgazamiento.
- Bajo contenido en fibra: Esto independientemente de otros efectos, puede provocar extreñimiento severo.
- Deficiencias en micronutrientes: Dado que los alimentos que contienen hidratos de carbono contienen a su vez determinadas vitaminas y minerales, la eliminación de los mismos, genera evidentes deficiencias en algunos de estos micronutrientes.
- Desequilibrio de electrolitos: Se han descrito casos de hipocalemias asociados a la realización de este tipo de dietas.
- Inapetencia: Es imposible que una dieta exenta de hidratos de carbono sea sabrosa y práctica en el medio habitual. Ello comporta la eliminación del pan, patatas, arroz, pasta, maíz, alimentos enharinados, legumbres, leche, pastelería, bollería (y en ciertas ocasiones incluso se recomienda suprimir las frutas y determinadas verduras y hortalizas). Quedan solamente carnes y derivados, pescados, derivados lácteos (no leche), grasas y aceites. Evidentemente son dietas incomibles y por eso, muchas veces a estos regímenes dietéticos se les anuncia como "coma usted lo que quiera"
No hace mucho se evaluó seriamente la efectividad de las dietas bajas en hidratos de carbono para la pérdida de peso corporal. A corto plazo se ha visto que producen una pérdida superiro de peso comparado con las dietas pobres en grasa. A los 6 meses también producen una disminución mayor de los niveles de triglicéridos y un aumento superior de las concentraciones de colesterol HDL. Sin embargo al año de su utilización no se ha encontrado beneficio alguno en cuanto a pérdida de peso, concentraciones de colesterol HDL o triglicéridos. La mayoría de estos estudios, sin embargo, han observado un aumento de las concentraciones de colesterol LDL en los pacientes que siguen este tipo de dietas. Queda por evaluar la seguridad a largo plazo de la utilización de este tipo de dietas alejadas de lo que consideramos actualmente como dietas equilibradas.
Dietas disociadas:
La palabra disociada quiere decir "separar" y en término de dietas se trata de separar los alimentos fundamentalmente hidrocarbonados, de los proteicos y lipídicos. De esta forma se pierde la presencia y el equilibrio deseable entre estos elementos. Eso, de un modo general, conduce a un mal aprovechamiento de los mismos, en el sentido de que no se utilizan óptimamente para la función fisiológica a que están destinados. Por ejemplo, si una comida contiene proteína y no se aportan hidratos de carbono ni grasas, la proteína se usa como energía preferentemente, y no para llevar a cabo su función de reparación de estructuras corporales. Esto a su vez genera otros problemas secundarios de mayor o menor gravedad.
Las dietas disociadas se basan en teorías obsoletas sobre posibles incompatibilidades de alimentos, las cuales en la actualidad son incapaces de resistir a lo más básico del razonamiento científico. En teoría se pueden dar tres posibilidades de dietas disociadas.
- Comidas con aporte conjunto de alimentos ricos en hidratos de carbono y grasa, sin presencia simultánea de alimentos proteicos.
- Comidas con aporte conjunto de alimentos ricos en proteína, sin presencia simultánea de alimentos ricos en hidratos de carbono.
- Comidas con aporte conjunto de alimentos ricos en hidratos de carbono y proteína, sin presencia simultánea de alimentos ricos en grasa.
Las dietas disociadas se basan en gran medida en lo que ha quedado en llamarse incompatibilidades entre nutrientes como puede ser, incompatibilidad ácido-almidón, ácido proteína, almidón-proteína, azúcar-almidón, etc. Ninguna de las incompatibilidades están basadas en evidencias científicas.
En síntesis, de entre las posibles dietas disociadas, que en general se siguen en la actualidad, las únicas que aparentemente son eficaces son aquellas que desde el punto de vista de sus repercusiones metabólicas se parecen en gran grado a las dietas exentas de hidratos de carbono. Se basan en que en las comidas principales no coincidan alimentos hidrocarbonados con lipídicos y proteicos.
En las dietas disociadas no se plantea tanto el aporte energético de las mismas, como el de provocar una disarmonía metabólica, que obliga a una movilización de los depósitos grasos y proteicos, con un mal aprovechamiento de los nutrientes que libran esos depósitos. Y es en este sentido como se parece a las dietas exentas de hidratos de carbono.
Dietas de difícil clasificación:
Son dietas que no responden a ningún criterio aunque éste no sea bueno para el organismo. Existen decenas de ellas y se podrían definir también como dietas absurdas, mágicas, antiinteligencia, etc. Pueden darse en ellas casi todos los modelos equivocados que se han descrito, como dietas disociadas, hipoproteicas, exentas de algún otro macronutriente, etc.
Pedrocuencanutricion@gmail.com
Bibliografía:
Mataix Verdú, José. Nutrición y alimentación humana. 2ª edición. Majadahonda (Madrid): Ergón, 2009
