viernes, 22 de noviembre de 2013

Dietas no recomendables en el tratamieto de la obesidad

   La gran mayoría de dietas no recomendables consiguen adelgazar, fundamentalmente porque son hipocalóricas, pero en la mayoría de los casos el individuo que sigue una de estas dietas, recupera su peso inicial por diversas razones y, entre ellas, y puede que las más importante, porque alteran tanto los hábitos alimentarios de la persona, que es prácticamente imposible su seguimiento. Además, en muchas ocasiones ponen en peligro la propia salud del individuo.

Se pueden dividir en tres grandes grupos:

- Dietas sin hidratos de carbono.
- Dietas disociadas.
- Dietas de difícil clasificación.

Dietas sin hidratos de carbono:

   El objetivo bioquímico de esta dieta es la movilización de los triglicéridos junto a un impedimento simultáneo en la posible acumulación de los mismos, lo cual se logra, pero a costa de otros efectos metabólicos no deseados. La movilización lipídica se logra en parte, porque en la práctica son dietas hipocalóricas y, especialmente porque, al no haber hidratos de carbono en la dieta, no existe el estímulo de la glucemia posprandial que es fundamental para una adecuada producción de insulina, condición necesaria para que nos se produzca la lipólisis. Por otra parte, se produce una disminución del depósito adiposo de los lípidos que proceden de la dieta ya que, cuando éstos alcanzan la vía sistémica y se hidrolizan mediante la lipoproteínlipasa del adipocito, los ácidos grasos que penetran en el mismo necesitan combinarse con el alfa-glicerofosfato, para resintetizar triacílgliceroles. Pero, dado que este compuesto no se forma puesto que procede de los carbohidratos de la dieta, los ácidos grasos son devueltos de nuevo a la sangre.
   En función de lo dicho se produce una elevación de los triglicéridos plasmáticos, a partir de los cuales se forman a nivel hepático cuerpos cetónicos parte de los cuales se eliminan por la orina, lo que representa a su vez una pérdida energética, aunque ésta es pequeña. Los citados cuerpos cetónicos, por otra parte, contribuyen a disminuir la sensación de hambre, actuando a nivel hipotalámico. Como consecuencia de lo hasta aquí indicado, la realización de estas dietas aumenta el riesgo de hipertrigliceridemia y cetoacidosis.

   Otro fenómeno consecuencia de la falta de hidratos de carbono es la necesidad de formar glucosa para cubrir las demandas de la misma por el sistema nervioso, lo cual ocurre mediante gluconeogénesis a partir del glicerol y sobre todo de aminoácidos musculares, contribuyendo inevitablemente a un aumento de la pérdida de masa magra. Ello se acompaña del aumento de los niveles de ácido úrico en sangre así como de su excreción, como consecuencia del aumento del metabolismo de ácidos nucleicos procedentes de la destrucción celular, aumentando el riesgo de que se desencadene una crisis de gota o se desarrollen litiasis renales por cristales de ácido úrico.
   Además de la exagerada movilización proteica lipidica, existen otras posibles consecuencias que desaconsejan el uso de este tipo de dietas y que se exponen a continuación.


  1. Aterogénesis: Como predominan carnes y derivados, quesos y grasas diversas, estas dietas son ricas en colesterol y grasas saturadas, componentes ambos que elevan el colesterol sanguíneoa y provocan a medio-largo plazo un amento del riesgo aterosclerótico. A esto hay que añadir la hipertrigliceridemia comentada antes.
  2. Osteoporosis: La cetoacidosis provoca movilización del calcio óseo con efecto temporal, lo que favorece la osteoporosis, hecho de especial gravedad en mujeres postmenopáusicas, colectivo en que se prectican con cierta frecuencia regímenes de adelgazamiento.
  3. Bajo contenido en fibra: Esto independientemente de otros efectos, puede provocar extreñimiento severo.
  4. Deficiencias en micronutrientes: Dado que los alimentos que contienen hidratos de carbono contienen a su vez determinadas vitaminas y minerales, la eliminación de los mismos, genera evidentes deficiencias en algunos de estos micronutrientes.
  5. Desequilibrio de electrolitos: Se han descrito casos de hipocalemias asociados a la realización de este tipo de dietas.
  6. Inapetencia: Es imposible que una dieta exenta de hidratos de carbono sea sabrosa y práctica en el medio habitual. Ello comporta la eliminación del pan, patatas, arroz, pasta, maíz, alimentos enharinados, legumbres, leche, pastelería, bollería (y en ciertas ocasiones incluso se recomienda suprimir las frutas y determinadas verduras y hortalizas). Quedan solamente carnes y derivados, pescados, derivados lácteos (no leche), grasas y aceites. Evidentemente son dietas incomibles y por eso, muchas veces a estos regímenes dietéticos se les anuncia como "coma usted lo que quiera"
No hace mucho se evaluó seriamente la efectividad de las dietas bajas en hidratos de carbono para la pérdida de peso corporal. A corto plazo se ha visto que producen una pérdida superiro de peso comparado con las dietas pobres en grasa. A los 6 meses también producen una disminución mayor de los niveles de triglicéridos y un aumento superior de las concentraciones de colesterol HDL. Sin embargo al año de su utilización no se ha encontrado beneficio alguno en cuanto a pérdida de peso, concentraciones de colesterol HDL o triglicéridos. La mayoría de estos estudios, sin embargo, han observado un aumento de las concentraciones de colesterol LDL en los pacientes que siguen este tipo de dietas. Queda por evaluar la seguridad a largo plazo de la utilización de este tipo de dietas alejadas de lo que consideramos actualmente como dietas equilibradas.

Dietas disociadas:

   La palabra disociada quiere decir "separar" y en término de dietas se trata de separar los alimentos fundamentalmente hidrocarbonados, de los proteicos y lipídicos. De esta forma se pierde la presencia y el equilibrio deseable entre estos elementos. Eso, de un modo general, conduce a un mal aprovechamiento de los mismos, en el sentido de que no se utilizan óptimamente para la función fisiológica a que están destinados. Por ejemplo, si una comida contiene proteína y no se aportan hidratos de carbono ni grasas, la proteína se usa como energía preferentemente, y no para llevar a cabo su función de reparación de estructuras corporales. Esto a su vez genera otros problemas secundarios de mayor o menor gravedad.

   Las dietas disociadas se basan en teorías obsoletas sobre posibles incompatibilidades de alimentos, las cuales en la actualidad son incapaces de resistir a lo más básico del razonamiento científico. En teoría se pueden dar tres posibilidades de dietas disociadas.

  1. Comidas con aporte conjunto de alimentos ricos en hidratos de carbono y grasa, sin presencia simultánea de alimentos proteicos.
  2. Comidas con aporte conjunto de alimentos ricos en proteína, sin presencia simultánea de alimentos ricos en hidratos de carbono.
  3. Comidas con aporte conjunto de alimentos ricos en hidratos de carbono y proteína, sin presencia simultánea de alimentos ricos en grasa.
Las dietas disociadas se basan en gran medida en lo que ha quedado en llamarse incompatibilidades entre nutrientes como puede ser, incompatibilidad ácido-almidón, ácido proteína, almidón-proteína, azúcar-almidón, etc. Ninguna de las incompatibilidades están basadas en evidencias científicas.

   En síntesis, de entre las posibles dietas disociadas, que en general se siguen en la actualidad, las únicas que aparentemente son eficaces son aquellas que desde el punto de vista de sus repercusiones metabólicas se parecen en gran grado a las dietas exentas de hidratos de carbono. Se basan en que en las comidas principales no coincidan alimentos hidrocarbonados con lipídicos y proteicos.

   En las dietas disociadas no se plantea tanto el aporte energético de las mismas, como el de provocar una disarmonía metabólica, que obliga a una movilización de los depósitos grasos y proteicos, con un mal aprovechamiento de los nutrientes que libran esos depósitos. Y es en este sentido como se parece a las dietas exentas de hidratos de carbono.

Dietas de difícil clasificación:

   Son dietas que no responden a ningún criterio aunque éste no sea bueno para el organismo. Existen decenas de ellas y se podrían definir también como dietas absurdas, mágicas, antiinteligencia, etc. Pueden darse en ellas casi todos los modelos equivocados que se han descrito, como dietas disociadas, hipoproteicas, exentas de algún otro macronutriente, etc.




Pedrocuencanutricion@gmail.com

Bibliografía:

Mataix Verdú, José. Nutrición y alimentación humana. 2ª edición. Majadahonda (Madrid): Ergón, 2009

jueves, 3 de enero de 2013

El desayuno saludable

      Una dieta equilibrada puede considerarse como uno de los pilares para el mantenimiento y recuperación de la salud, y el desayuno como una comida más del día, contribuye de manera importante en este objetivo.

      Ya sabemos que los cambios en nuestra alimentación y estilo de vida han provocado que empecemos nuestra jornada nutricional omitiendo la que debe ser la primera comida del día. Un desayuno adecuado hace que afrontemos el día con energía para llevar a cabo nuestros quehaceres físicos e intelectuales.

      La inclusión de un desayuno ayuda a conseguir una óptima ingesta de nutrientes, contribuyendo a equilibrar la dieta y así, previniendo o evitando deficiencias nutricionales. Además ayuda a mantener el peso ya que se consigue una correcta distribución energética a lo largo del día. 

Un hábito a recuperar

      Nuestro organismo necesita energía para empezar el día, sobre todo después del ayuno prolongado desde la cena. El desayuno nos aporta esa energía para empezar el día.

      La infancia es el mejor momento para instaurar éste hábito saludable, hábito que no se debe perder en la adolescencia ni en la edad adulta. 

¿Como elaborar un buen desayuno?

      Como ya sabemos, los alimentos son los envases donde están almacenados los nutrientes de forma irregular, es decir, en cada alimento habrá unos nutrientes u otros. Por esto es importante que la dieta sea lo más variada posible para así aportar todos los nutrientes necesarios. Esta regla también se debe aplicar al desayuno y será garantía de conseguir un correcto aporte nutricional.

      El desayuno debe aportar la cuarta parte de la energía total del día, por lo que desayunar es algo más que tomar un café. El desayuno debe incluir alimentos de al menos 4 de los grupos básicos: lácteos, cereales, frutas, azúcares, aceite y grasas.


                                              

Lácteos: (leche, queso, yogur...) Son fuente de calcio, proteínas de alta calidad, vitamina B2, riboflavina, retinol y vitamina D, especialmente los lácteos enteros. La leche es el alimento más completo ya que contiene casi todos los nutrientes esenciales, aunque carece de vitamina C, hierro y fibra.

      El yogur puede ser una buena alternativa a la leche ya que tiene un valor nutritivo similar al de la leche de la que procede, excepto si se le añade azúcar, grasa o cualquier otro componente (fruta, frutos secos...) en cuyo caso aumentará su valor energético. Además el yogur es muy recomendable sobre todo en niños ya que contiene microorganismos vivos que ayudan a mantener una correcta flora intestinal.

      Para la mayoría de las personas el consumo de lácteos (que son la principal fuente de calcio), está asociado al desayuno, de manera que si este no se realiza, podría producirse deficiencias en este mineral y dar lugar a alteraciones en el crecimiento, osteoporosis...

Cereales y derivados: (Pan, galletas, cereales de desayuno...) Son imprescindibles por su aporte en hidratos de carbono, que son la fuente principal de energía para nuestro organismo, contribuyen a mejorar la calidad nutricional de la dieta al equilibrar el perfil calórico.
   
  El inconveniente es que su contenido en lisina
(aminoácido esencial que se encuentra abundantemente en leguminosas y alimentos de origen animal) y  triptófano está en muy pequeña cantidad, es lo que se llama, aminoácidos limitantes,  y disminuye el valor biológico de su proteína. La solución está en consumir los cereales junto con carnes, huevos, lácteos o leguminosas produciéndose así una suplementación mejorando la calidad de la proteína.

      Los cereales, en general, no contienen grasa, excepto que se le añada en su preparación y como todos los productos de origen vegetal carecen de colesterol, excepto el pan de molde y los productos de bollería y repostería cuando se han preparado con grasas de origen animal. También pueden elaborarse con grasa hidrogenadas (margarina), contribuyendo de forma importante a la ingesta de ácidos grasos trans, que pueden ser factores de riesgo cardiovascular.

      Buena fuente de fibra, especialmente los integrales.

Frutas y zumos de frutas: Ricas en vitaminas hidrosolubles (principalmente vitamina C) y minerales (magnesio y potasio) sobre todo cuando se consumen crudas.

      Un desayuno en el que se incluya la fruta junto con cereales integrales nos asegura una adecuada cantidad de fibra.

Azúcar de mesa y miel: Suministran una energía barata, de fácil digestión y agradable. Una de sus funciones es aumentar la aceptación de los alimentos con el inconveniente que solo nos aportan energía pero ningún nutriente. No se suelen tomar solos, se utilizan acompañando alimentos para hacerlos más agradables (leche, flanes, fruta...) esto puede ser importante en personas como ancianos con menor capacidad gustativa, enfermos o inapetentes.

      El azúcar está constituido principalmente por hidratos de carbono sencillos. La miel tiene mayor cantidad de agua y menor en hidratos de carbono, tiene menos calorías y mayor poder edulcorante. La miel y el azúcar moreno contienen pequeñas cantidades de minerales y algunas vitaminas del grupo B, aunque teniendo en cuenta la cantidad en la que se consumen, su aporte no tiene relevancia nutricional.

Aceite de oliva y las grasas (mantequilla y margarina): Son fuentes concentradas de energía ya que su componente cuantitativo son los lípidos. 

      Las grasa de origen animal (mantequilla) contienen grasa saturada y colesterol. Las margarinas se obtienen por un proceso de hidrogenación, el inconveniente de este proceso es que se forman ácidos grasos trans que son factor de riesgo en enfermedades cardiovasculares.


   

 El aceite de oliva, es el que menos se altera en los procesos culinarios. Tiene un alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico) y antioxidantes (polifenoles y vitamina E), lo que hace que sea el aceite de elección en una dieta saludable. Reduce los niveles sanguíneos de LDL (colesterol "malo") y aumenta los niveles de HDL (colesterol "bueno").






Alimentos proteicos (embutidos, huevos, carnes, pescados): Pueden formar parte del desayuno. Pero como por nuestros hábitos alimentarios solemos tener un elevado aporte de proteínas en nuestra dieta, se podría omitir este grupo en el desayuno.

Prevención de la obesidad

      Tanto la ingesta de alimentos, como la distribución de ellos a lo largo del día influyen en la prevención de la obesidad. En algunos estudios se ha observado que las personas que normalmente desayunan deficientemente tienden a desarrollar hábitos incorrectos que podrían estar relacionados con un mayor riesgo  de obesidad. Sin embargo, actualmente se sigue encontrando gente que cree que omitiendo el desayuno reducen la ingesta calórica total y, por tanto, el peso.

      Hay datos que demuestran que los niños obesos omiten con mayor frecuencia el desayuno y tienen un reparto de la energía a lo largo del día más desfavorable que los no obesos, es decir, suelen desayunar menos y cenar más.

      En otro estudio realizado por Ortega y col (1996) se comparó el tipo de desayuno entre personas de edad avanzada obesas y no obesas, y aunque demostró que el porcentaje de individuos que no desayunaba era similar en ambos casos, el grupo de obesos presentaba una mayor preferencia por alimentos ricos en grasa y azúcares, mientras que los no obesos elegían preferentemente frutas, zumos y pan, y en general, realizaban un desayuno más variado, con mayor número de alimentos distintos y comiéndolos además en mayor cantidad cubriendo, por tanto, un mayor porcentaje de sus requerimientos energéticos y aportando mayor cantidad de fibra, vitamina E y hierro principalmente.

Desayuno = Salud

      Desde un punto de vista fisiológico la omisión del desayuno y el periodo prolongado de ayuno que esto conlleva, podrían tener repercusiones en el metabolismo.

      En niños que no desayunan y que, por tanto, están en ayuno desde la noche anterior, no se observan cambios glucémicos, pero sí un aumento en la concentración de cuerpos cetónicos y ácidos grasos libres. Esta situación se conoce como "adaptación al ayuno"  y puede plantear dificultades en la fisiología cerebral.

      Cuando el ayuno se prolonga, el descenso gradual de los niveles de insulina y glucosa, entre otros cambios metabólicos, pueden originar una respuesta de fatiga que interfiera en la atención y en la memoria. Si este ayuno prolongado se produce con demasiada frecuencia, los cambios metabólicos antes citados, provocarían efectos adversos acumulativos en el organismo que pondrían en peligro el progreso escolar en el niño.

Valora tu desayuno

1. ¿Desayunas?

     B) A veces

     C) Sí, todos los días.

     A) Nunca.

2. ¿Qué desayunas?

     A) Sólo un alimento.

     C) Al menos 4 alimentos distintos.

     B) De 2 a 3 alimentos.

3. ¿Cambias tu desayuno?

     C) Sí, casi todos los días intento variar.

     B) Sólo los fines de semana.

     A) No, siempre desayuno lo mismo.

4. ¿Cuanto tiempo empleas en desayunar?

     C) Tranquilamente, más de 15 minutos.

     A) Muy poco, menos de 5 minutos.

     B) Entre 5 y 15 minutos.




Cuenta por cada: 

A) 1 punto.

B) 2 puntos.

C) 3 puntos.

El resultado de la suma te indicara tu situación respecto al desayuno:

10 - 12 puntos: ¡¡ Enhorabuena!! No pierdas tu buen hábito.

7 - 9 puntos: No esta mal, pero puedes mejorar.

1 - 6 puntos: Debes replantearte el desayuno.

Una pequeña historia...

Siempre que tengo la oportunidad me gusta añadir este articulo de la Dra. Daniela Jakubowicz (Endocrinóloga), es como una pequeña historia, pero creo que pone de manifiesto la importancia del desayuno.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ RIIIIINNNNGGGGGG!!!!!!!!!!

      Suena el despertador y el cerebro empieza a preocuparse: "Ya hay que levantarse y nos comimos todo el combustible..."

      Llama a la primera neurona que tiene a mano y manda un mensaje a ver qué disponibilidad hay de glucosa en la sangre.

       Desde la sangre le responden: "Aquí hay azúcar para unos 15 a 20 minutos, nada más". El cerebro hace un gesto de duda, y le dice a la neurona mensajera: "De acuerdo, vayan hablando con el hígado a ver que tiene en reserva". En el hígado consultan la cuenta de ahorros y responden que "a lo sumo los fondos alcanzan para unos 20 a 25 minutos". En total no hay sino cerca de 290 gramos de glucosa, es decir, alcanzan para 45 minutos, tiempo en el cual el cerebro ha estado rogándole a todos los santos a ver si se nos  ocurre desayunar.

      Si estamos apurados o nos resulta insoportable comer por la mañana, el pobre órgano tendrá que ponerse en emergencia:

     "Alerta máxima: nos están tirando un paquete económico. Cortisona, hija, saque lo que pueda de las células musculares, los ligamentos de los huesos y el colágeno de la piel". La Cortisona pondrá en marcha los mecanismos para que las células se abran y dejen salir sus proteínas. Estas pasarán al hígado para que las convierta en glucosa sanguínea. El proceso continuará hasta que volvamos a comer.

      Como se ve, quien no desayuna se está engañando: Se come sus propios músculos, se auto devora. La consecuencia es la pérdida de tono muscular, y un cerebro, que en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento.

      ¿Cómo afecta eso a nuestro peso? Al comenzar el día ayunando, se pone en marcha una estrategia de ahorro energético, por lo cual el metabolismo disminuye. El cerebro no sabe si el ayuno será por unas horas o por unos días, así que toma las medidas restrictivas más severas.

      Por eso, si la persona decide luego almorzar, la comida será aceptada como excedente, se desviará hacia el almacén de "grasa de reserva" y la persona engordará.

      La razón de que los músculos sean los primeros utilizados como combustible de reserva en el ayuno matutino se debe a que en las horas de la mañana predomina la hormona cortisol que estimula la destrucción de las proteínas musculares y su conversión en glucosa.

Así que ya lo sabes ahora, nunca más salgas sin desayunar, tu organismo te lo agradecerá y compensará con mayor salud, misma que podrás disfrutar viviendo más tiempo y sano para que convivas con tus seres queridos... Desayunando temprano, llevarás energía suficiente que te ayudará a que tu mente sea más ágil, tus pensamientos más espontáneos, tu cuerpo más relajado, con mayor facilidad de movimiento y por lógica... te estresarás menos.

Fuente: Dra. Daniela Jakubowicz (endocrinóloga)

Próxima entrada: Frutas y verduras, fuente de salud.

Si tienes alguna sugerencia para futuras entradas no olvides dejar tu propuesta. Gracias.

Pedrocuencanutricion@gmail.com


Bibliografía:

Carbajal Azcona, Ángeles. Pinto Fontanillo, José Antonio. Nutrición salud. El desayuno saludable. Alcobendas (Madrid).