sábado, 8 de septiembre de 2012

Dieta mediterránea

 ¿Qué es la Dieta Mediterránea?

         La Dieta Mediterránea es un estilo de vida, no solo un patrón alimentario que combina ingredientes de   
   la agricultura local, las recetas y formas de cocinar propias de cada lugar, las comidas compartidas,  
   celebraciones y tradiciones, que unido a la práctica de ejercicio físico moderado pero diario favorecido  
   por un clima benigno completan ese estilo de vida, haciendo de ella un excelente modelo de vida 
   saludable.

     La Dieta  Mediterránea es una valiosa herencia cultural, que a partir de la simplicidad y la variedad ha dado lugar a una combinación equilibrada y completa de alimentos, basada en productos frescos, locales y de temporada en la medida de lo posible.

      Abraza a todos los pueblos de la cuenca mediterránea y que está constituido de paisajes, cultivos, y técnicas de cultivo, de mercados, de elaboraciones, de espacios y gestos culinarios, de sabores y perfumes, de colores, de tertulias y celebraciones, de leyendas y devociones, de alegrías y tristezas, de innovación tanto como de tradiciones. Ha sido transmitida de generación en generación desde hace muchos siglos, y está íntimamente vinculada al estilo de vida de los pueblos mediterráneos a lo largo de la historia. Ha ido evolucionando, acogiendo e incorporando sabiamente nuevos alimentos y técnicas fruto de la posición geográfica estratégica y de la capacidad de mestizaje e intercambio de los pueblos mediterráneos. La Dieta mediterránea ha sido, y continua siendo, un patrimonio cultural evolutivo, dinámico y vital.

      No hay duda que en el Mediterráneo, cuando hablamos de ingredientes de su dieta, trigo, vid, olivo, las legumbres, las verduras, frutas, al pescado, a los quesos y a los frutos secos, hay que añadir un condimento esencial, quizás ingrediente básico: la sociabilidad.

      La Dieta Mediterránea se caracteriza por la abundancia de alimentos vegetales, como pan, pasta, arroz, verduras, hortalizas, legumbres, frutas y frutos secos; el empleo de aceite de oliva como fuente principal de grasa; un consumo moderado de pescado, marisco, aves de corral, productos lácteos (yogur, quesos) y huevos; el consumo de pequeñas cantidades de carnes rojas y aportes diarios de vino consumido generalmente durante las comidas. Su importancia en la salud del individuo no se limita al hecho de que sea una dieta equilibrada, variada y con un aporte de macronutrientes adecuado. A los beneficios de su bajo contenido en ácidos grasos saturados y alto en monoinsaturados, así como en carbohidratos complejos y fibra, hay que añadir los derivados de su riqueza en sustancias antioxidantes.

Pirámide de la Dieta Mediterránea.



    
     

      La pirámide tradicional de la Dieta Mediterránea se ha puesto al día para adaptarse al estilo de vida actual. En la base de la pirámide se sitúan los alimentos que deben sustentar la dieta, y relega a los estratos superiores a aquellos alimentos que se deben consumir con moderación. Pero además se añaden indicaciones de orden cultural y social íntimamente ligados al estilo de vida mediterráneo. No se trata tan sólo de dar prioridad a un determinado tipo de alimentos, sino a la manera de seleccionarlos, de cocinarlos y de consumirlos. También refleja la composición y número de raciones de las principales comidas.

      Los beneficios de la Dieta Mediterránea sobre la salud y su papel en la prevención de muchas enfermedades crónicas son hoy por hoy una evidencia científica. La pirámide incluye todos los grupos de alimentos. Que una dieta sea saludable o perjudicial depende de la proporción de cada uno de estos grupos y de la frecuencia de consumo. El patrón es una pauta para la alimentación de la población adulta sana y debe ser adaptado a las necesidades específicas de los niños, las mujeres embarazadas y otras condiciones de salud.

      La pirámide sitúa en la base los alimentos de origen vegetal, que proporcionan nutrientes clave y otras sustancias protectoras que contribuyen al bienestar general y a conseguir una dieta equilibrada. Por estas razones, deberían ser consumidos con mayor proporción y frecuencia que los alimentos situados en los niveles centrales y en el vértice. Estos últimos se deberían consumir en cantidades moderadas, o de manera ocasional, reservándolos para ocasiones festivas y excepcionales.

      La pirámide establece pautas alimentarias de cumplimiento diario, semanal y ocasional, para lograr un dieta saludable y equilibrada.

      Las comidas principales no pueden prescindir de tres elementos básicos: 

    • Cereales: Una o dos raciones por comida, en forma de pan, pasta, arroz, cuscús u otros. Deben ser preferentemente integrales ya que algunos nutrientes (magnesio, fósforo, etc) y fibra se pueden perder en el procesado.
    • Verduras: Deberían estar presentes tanto en la comida como en la cena, aproximadamente dos raciones en cada toma. Por lo menos una de ellas debe ser cruda. La variedad de colores y texturas aporta diversidad de antioxidantes y de sustancias protectoras.
    • Frutas: Una o dos raciones por comida. Deben ser el postre habitual.
      Se debe garantizar el aporte diario de entre 1,5 y 2 litros de agua. Una correcta hidratación es esencial para mantener un buen equilibrio de agua corporal, si bien las necesidades varían según la edad de las personas, el nivel de actividad física que se realice, la situación personal y las condiciones climáticas. Además de beber agua directamente, el aporte de líquido se puede completar con infusiones de hierbas (con azúcar moderado) y caldos bajos en grasa y sal.

      Productos lácteos: Su consumo debe ser moderado (en torno a dos raciones diarias), contribuyen a fortalecer los huesos, pero pueden ser una importante fuente de grasas.

      Aceite de oliva: Situado en el centro de la pirámide, debería ser la principal fuente de grasa por su calidad nutricional. Se debe utilizar para aderezar y cocinar ya que su composición única le da una alta resistencia a las temperaturas de cocción.

      Las especias, las hierbas, las cebollas y el ajo son una buena manera de introducir una variedad de aromas y sabores a los platos y una buena estrategia para reducir el uso de sal. 

     Las aceitunas, los frutos secos y las semillas son una buena fuente de grasas saludables, proteínas, vitaminas, minerales y fibra. Un puñado de aceitunas, frutos secos y o semillas pueden ser un excelente aperitivo.

      Siempre que las creencias religiosas y sociales lo permitan, se recomienda un consumo moderado de vino u otras bebidas fermentadas (como referencia, una copa al día para las mujeres y dos para los hombres)

      Consumir proteínas tanto de origen animal como de origen vegetal. Los platos mediterráneos no suelen contener alimentos proteicos de origen animal como ingrediente principal, sino que son añadidos a otras preparaciones para hacerlas más gustosas.

      El pescado (dos o más raciones), la carne magra (dos raciones) y el huevo ( 2-4 raciones) son fuente de proteínas de alta calidad de origen animal. El pescado y marisco son, además, fuentes de grasas saludables.

      El consumo de carne roja (menos de dos raciones, preferentemente cortes magros) y de carne procesada (menos de una ración) deber ser reducido tanto en cantidad como en frecuencia.

      Las legumbres combinadas con los cereales son una buena fuente de proteínas de origen vegetal. Las patatas se incluyen en este grupo y frecuencia de consumo por su presencia en las recetas tradicionales de carnes y pescados (unas tres raciones a la semana, preferiblemente frescas).

      En el vértice de la pirámide encontramos los dulces. El azúcar, los caramelos, los pasteles, la bollería, los zumos de fruta azucarados y los refrescos azucarados se deberían consumir en pequeñas cantidades y sólo de vez en cuando.

      
10 recomendaciones básicas de la Dieta Mediterránea.


1- Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición. Es el 
    aceite más utilizado en la cocina mediterránea. Es un alimento rico en  
    vitamina E, betacarotenos y ácidos grasos monoinsaturados que le    
    confieren propiedades cardioprotectoras. Este alimento representa un 
    tesoro dentro de la dieta mediterránea, y ha perdurado a través de 
    siglos entre las costumbres gastronómicas regionales, otorgando a los 
    platos un sabor y aroma únicos.



2- Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas,  
    verduras, legumbres y frutos secos. Las verduras, hortalizas y 
    frutas son la principal fuente de vitaminas, minerales y fibra de nuestra 
    dieta y nos aportan al mismo tiempo, una gran cantidad de agua. Es 
    fundamental consumir 5 raciones de fruta y verdura a diario. Gracias a  
    su contenido elevado en antioxidantes y fibra pueden contribuir a  
   prevenir, entre otras, algunas enfermedades cardiovasculares y algunos 
    tipos de cáncer.




3- El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y 
    especialmente sus productos integrales) deberían formar parte 
    de la alimentación diaria. El consumo diario de pasta, arroz y 
    cereales es indispensable por su composición rica en carbohidratos. 
    Nos aportan una parte importante de energía necesaria para nuestras 
    actividades diarias. Hay que tener en cuenta que sus productos 
    integrales nos aportan más fibra, minerales y vitaminas.



4- Los alimentos poco procesados, frescos y de temporada son los  
    más adecuados. Es importante aprovechar los productos de 
    temporada ya que, sobre todo en el caso de las frutas y verduras, nos 
    permite consumirlas en su mejor momento, tanto a nivel de aportación 
    de nutrientes como por su 
    aroma y sabor.



5- Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogur 
    y quesos. Nutricionalmente hay que destacar que los productos 
    lácteos son excelente fuentes de proteínas de alto valor biológico, 
    minerales  (calcio, fósforo, etc.) y vitaminas. El consumo de leches 
    fermentadas (yogur, etc) se asocia a una serie de beneficios para la 
    salud porque estos productos contienen microorganismos vivos 
    capaces de mejorar el equilibrio de la microflora intestinal.

6- La carne roja se tendría que consumir con moderación y si 
    puede ser como parte de guisos y otras recetas. Y las carnes 
    procesadas en cantidades pequeñas y como ingredientes de    
    bocadillos y platos. las carnes contienen proteínas, hierro y grasa 
    animal en cantidades variables. El consumo  excesivo de grasas 
    animales no es bueno para la salud. Por lo tanto, se recomienda el 
    consumo en cantidades pequeñas, preferentemente carnes magras, y 
    formando parte de platos a base de verduras y cereales.

7- Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación. Se 
    recomienda el consumo de pescado azul como mínimo una o dos 
    veces a la semana ya que sus grasa (aunque de origen animal) tienen 
    propiedades muy parecidas a las grasas de origen vegetal a las que se 
    les atribuyen propiedades protectoras frente enfermedades 
    cardiovasculares.



8- La fruta fresca tendría que ser el postre habitual. Los dulces y 
    pasteles deberían consumirse ocasionalmente. Las frutas son 
    alimentos muy nutritivos que aportan color y sabor a nuestra    
    alimentación diaria y son también una buena alternativa a media 
    mañana y como merienda.




9- El agua es la bebida por excelencia en el Mediterráneo. El vino 
    deber tomarse con moderación y durante las comidas. El agua es 
    fundamental en nuestra dieta. El vino es un alimento tradicional en la 
    dieta mediterránea que puede tener efectos beneficiosos para la salud  
    consumiéndolo con moderación y en el contexto de una dieta 
    equilibrada.



10- Realizar actividad física todos los días, ya que es tan importante como comer adecuadamente. Mantenerse físicamente activo y realizar cada día un ejercicio físico adaptado a nuestras capacidades es muy importante para conservar una buena salud.







Próxima entrada: Anemia ferropénica y alimentos ricos en hierro

Si tienes alguna sugerencia para futuras entradas no olvides dejar tu propuesta. Gracias

Pedrocuencanutricion@gmanil.com

Fuente: Fundación Dieta Mediterránea










martes, 4 de septiembre de 2012

Cáncer y Alimentación

Influencias nutricionales en el desarrollo del cáncer.

Carcinógenos y protectores químicos alimentarios:

      En los alimentos pueden encontrarse iniciadores (hidrocarburos aromáticos policíclicos, aminas aromáticas, etc.), promotores (alcohol etílico, grasa, etc.) y sustancias protectoras (fibra, algunas vitaminas, etc.).
  • Iniciadores:
                Los hidrocarburos aromáticos policíclicos son factores carcinógenos del humo del tabaco, 
          pero también se producen a partir de la grasa animal, al asar carne o el pescado a la parrilla, y en los 
          alimentos ahumados, como también están presentes en la cerveza negra.
                Las aminas aromáticas se usan a veces como colorantes y se forman en carnes cocinadas a 
          elevadas temperaturas. Tanto los hidrocarburos policíclicos como las aminas aromáticas son 
          procarcinógenos.
                Las nitrosaminas y nitrosamidas son procarcinógenos que se producen en el estómago a partir   
          de nitritos (abundantes en alimentos vegetales, aditivos en carnes procesadas) y aminas y amidas 
          que provienen de la digestión proteica.

  • Promotores:
                Los promotores bien establecidos para la especie humana parecen ser la grasa, algunos derivados 
          de ácidos biliares, el alcohol etílico y el cloruro sódico. 

  • Protectores:
                Los elementos protectores pueden actuar en ambas etapas de la carcinogénesis. Algunas 
          vitaminas de naturaleza antioxidante pueden bloquear la activación de procarcinógenos. Determinados 
          componentes de los vegetales crucíferos (coles, coliflores, etc.) facilitan los mecanismos de excreción, 
          actuando por ejemplo sobre las enzimas conjugantes. También existen en los alimentos componentes 
          con carácter antipromotor tales como la fibra, vitamina D, selenio y los inhibidores de proteasas  
          procedentes de semillas vegetales.


Grasas, Energía y Obesidad.

      Las grasas de la dieta en conjunto y la saturada en particular parecen estar implicadas en la etiología del cáncer de mama así como endometrio, próstata, colon y recto.

      La experimentación animal ha originado datos concluyentes para el cáncer de mama y colon inducidos por agentes químicos o por otras vías, en todos los estudios. Se ha podido comprobar además que los aceites vegetales con alto contenido en ácidos grasos omega-6 (girasol, maíz, etc) son eficaces en la promoción tumoral, mientras que las grasas con ácidos grasos de la serie omega-3 se comportan como inhibidores. Este último dato podría ayudar a explicar la baja incidencia de cáncer de los esquimales, población que consume una gran cantidad de grasa (hasta el 60% de la energía total de la dieta), pero que procede de peces y animales marinos.

      En la actualidad la influencia de la grasa no puede contemplarse sólo desde el punto de vista de la cantidad, sino de la calidad, es decir, del perfil de ácidos grasos de la misma y a su vez del equilibrio que exista entre ellos.

Mecanismos relacionados con la etapa de iniciación del cáncer: papel del estrés oxidativo.

      El daño sufrido por el ADN en el proceso de carcinogénesis es vital y, en general, cualquier elemento que sea capaz de provocar una modificación del ADN podría comportarse como un carcinógeno. En este sentido, los radicales libres (especies reactivas del oxígeno, del nitrógeno y otros), caben perfectamente en este apartado como carcinógenos. Es importante destacar que, a su vez, estos compuestos altamente reactivos pueden producirse a través de procesos metabólicos relacionados con los nutrientes y que asimismo la prevención frente a la agresión de aquéllos se puede minimizar o atenuar a través de la alimentación y en concreto con distintos aceites, sobre todo con el aceite de oliva virgen.

Nutrición en la prevención del cáncer.

      Se estima que unos 10 millones de personas en todo el mundo desarrollan anualmente un cáncer y más de 6 millones de muertes acontecen en el mismo período por esta causa. En los países industrializados es la segunda causa de mortalidad, sólo superada por las enfermedades cardiovasculares. Se estima que, entre los años 2000 y 2020, el número total de casos de cáncer en los países en desarrollo se incremente en un 73%, y en los países desarrollados en un 29%.

      El cáncer está causado por diversos factores, algunos identificados y otros desconocidos. De las causas de cáncer conocidas, la más importante es el tabaco. Otros factores importantes son: la dieta, alcohol, actividad física, infecciones, factores hormonales y radiación. Se estima que la dieta es responsable de aproximadamente el 30% de los tumores diagnosticados en los países industrializados, representando la dieta la segunda causa evitable relacionada con el desarrollo de cáncer, tan solo superada por el tabaco. En los países en desarrollo, el porcentaje se estima en un 20%, pero con claros indicios de incremento motivado por los cambios en la dieta y la disminución de muertes por infecciones.
      Podríamos sintetizar que los factores potencialmente modificables por cada individuo con el fin de prevenir el riesgo de desarrollar un cáncer son: evitar la exposición al tabaco; mantener durante toda la vida una actividad física apropiada; mantener un peso corporal adecuado; y, por último, consumir una dieta saludable. A pesar de todo ello, hay que constatar que ni la dieta ni un estilo de vida adecuados garantizan una protección completa contra ninguna enfermedad; el potencial efecto saludable que se describe representa sólo una disminución en la probabilidad de que ello ocurra, por consiguiente, no garantiza una protección total.

Obesidad:
      
      La obesidad es uno de los principales problemas de salud y es el resultado combinado de una ingesta calórica excesiva y de la inactividad física. Este problema es especialmente preocupante en los niños y adolescentes en los que la prevalencia de sobrepeso es particularmente llamativa. El resultado finas es la obesidad, estado que incrementa el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculars, diabetes tipo 2, así como otros problemas médicos de gran prevalencia.

      El sobrepeso y la obesidad están claramente asociados con un aumento del riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer: cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas, colon, endometrio, adenocarcinoma de esófago y riñón. Igualmente, existen evidencias altamente sugerentes que indican que la obesidad está también asociada con un aumento del riesgo de desarrollar los siguientes tipos de cáncer: páncreas, vesícula, tiroides, ovario, cérvix, mieloma múltiple, linfoma de Hodgkin y cáncer de próstata agresivo.

Actividad física:

      Evidencias científicas demuestran que la actividad física puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar determinados tipos de tumores, entre ellos, los de mama, colon, póstata y endometrio. Para otros tipos de cáncer las evidencias no son tan fuertes aunque sí se encuentran asociaciones. La actividad física puede actuar de dos maneras.


  • Ayudar a mantener un peso corporal saludable.
  • Mediante la regulación de las hormonas sexuales, insulina, prostaglandinas, además de los efectos beneficiosos que ejerce sobre el sistema inmunitario.
      No hay que olvidar que una actividad física adecuada proporciona otros efectos beneficiosos para la salud como el de reducir el riesgo de padecer otras enfermedades crónicas como: enfermedades cardiovasculares, diabetes, osteoporosis e hipertensión.

      Se desconoce la intensidad, duración o frecuencia óptima de la actividad física que nos permita reducir el riesgo de desarrollar un cáncer. No obstante, se estima que una actividad física de intensidad entre moderada y vigorosa, con una duración entre 45 y 60 minutos y, al menos durante 5 días a la semana, podría ayudar a reducir el riesgo de desarrollar tumores como los de mama o colon. Actividad moderada es aquella que requiere un esfuerzo equivalente a caminar a paso ligero (bailar, pasear en bicicleta de forma relajada, jugar al golf, hacer yoga, patinaje, equitación, cortar el césped, etc.). Las actividades vigorosas son aquellas que causan un incremento notable de la actividad cardíaca, aumento de la profundidad y frecuencia respiratoria y sudoración (correr, ciclismo, artes marciales, natación, jugar al fútbol, tenis, baloncesto, excavar, hacer trabajos de carpintería, albañilería, etc.).

Posibles relaciones de alimentos, nutrientes y ciertos componentes alimentarios con el cáncer.

      El consumo generoso de alimentos de carácter vegetal (cereales integrales, legumbres, frutas, verduras y hortalizas y diversos derivados de estos) está asociado con una disminución del riesgo de padecer cáncer de mama, útero, próstata, pulmón, esófago, estómago y colorrectal. Estos son alimentos complejos que contienen numerosos compuestos potencialmente beneficiosos como: vitaminas, minerales, fibra, carotenoides y otros compuestos bioactivos como compuestos fenólicos, terpenos, esteroles que pueden ayudar a prevenir el desarrollo del cáncer. Además de la acción específica de estos compuestos, el consumo de vegetales y frutas contribuye a mantener un peso saludable con las repercusiones beneficiosas que ello conlleva.

      La recomendación es consumir diariamente al menos 5 raciones entre fruta y verdura (Ver entrada características generales de un menú deportivo. Tabla de raciones de alimentos.)



Aceite de oliva:


      En los países que mantienen la típica dieta mediterránea, y donde el aceite de oliva es la principal fuente de grasa, como ocurre en España, Grecia e Italia, la incidencia de cáncer es menor que en los países del norte de Europa. Los estudios atribuyen su acción antitumoral a los ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico), presentes en su composición y que podría regular determinados oncogenes. Por otra parte, el aceite de olivas es muy rico en compuestos bioactivos que, aunque están en cantidades pequeñas, tienen efectos biológicos muy interesantes, entre ellos: polifenoles, escualeno, lignanos, flavonoides, tirosol, etc. Por ellos, se recomienda su consumo, sobre todo en sustitución de otras fuentes de grasas menos saludables, aunque por ser una fuente significativa de calorías, se debería ingerir con moderación.

Carne y embutidos:

      Numerosos estudios demuestran que el consumo de carne roja (ternera, cerdo o cordero) o bien carne procesada (salchichas, panceta, etc.), pueden inducir un incremento en el riesgo de desarrollar cáncer de colon y/o recto, gástrico y próstata. Debe evitarse especialmente el consumo de carnes procesadas en las que se ha utilizado como método de conservación el ahumado o la exposición a grandes cantidades de sal. Al cocinar y preparar la carne a altas temperaturas, se producen mutágenos y carcinógenos como aminas heterocíclicas e hidrocarburos aromáticos policíclicos. El hierro que contienen la carnes rojas puede generar radicales libres en el colon que potencialmente pueden dañar el ADN. Ciertas sustancias utilizadas durante el procesamiento de la carne (nitritos/nitratos y sal) contribuyen a la formación de nitrosaminas que pueden dañar el ADN. Es posible además que la grasa presente incremente la concentración de ácidos biliares y otros componente en las heces que podrían ser carcinógenos o promotores de la carcinogénesis. Por todo ello, se recomienda limitar el consumo de carnes rojas y procesadas, eligiéndose en su lugar carnes sin grasa y en cantidades moderadas. Por último, decir que existen diferentes formas de preparar la carne que pueden minimizar la producción de sustancias carcinogénicas, destacando entre ellas procedimientos recomendados como cocción a fuego lento, cocción a vapor, hervido, guisado y cocinar con microondas.

Pescado:

      El pescado es una fuente muy rica en ácidos grasos omega-3, los cuales podrían actuar de forma beneficiosa en diferentes etapas del proceso tumoral. No obstante, existen evidencias muy limitadas del posible beneficio en humanos. Hay que tener en cuenta que algunos pescados contienen altos nivels de mercurio, dioxinas y otros contaminantes ambientales. Se debe variar los tipos de peces que se consumen para intentar reducir la probabilidad de exponerse a niveles excesivos de toxinas.

Alimentos vegetales:

      El consumo generoso de alimentos de origen vegetal se asocia con un menor riesgo de desarrollar cáncer, entre ellos, de mama, próstata, útero, pulmón, oral, esófago, estómago y colon. 
      Hay que tener en cuenta que puede haber diferencias en el valor nutricional dependiendo de si los alimentos vegetales son frescos, congelados o enlatados. Los alimentos frescos son habitualmente los que poseen mayor valor nutricional; sin embargo, los congelados pueden ser más nutritivos al ser recogidos en su punto de maduración y rápidamente ser congelados. Hay que considerar que los nutrientes pueden perderse en parte en los alimentos frescos durante el tiempo que transcurre entre la recolección y su consumo.
      Otro aspecto en tener en cuenta es la forma en la que se cocinan los vegetales ya que pueden afectar de forma significativa a su valor nutricional. Hervir los vegetales durante largos períodos de tiempo posibilita que se separe el contenido de vitaminas hidrosolubles. La mejor forma de preservar el contenido nutritivo de los vegetales es cocerlos al vapor o cocinarlos con microondas.

Alimentos irradiados:

      La irradiación es un método profusamente utilizado para eliminar organismos potencialmente peligrosos de los alimentos. La radiación no permanece en los alimentos tras el tratamiento, y no hay evidencias que indiquen que el consumo de alimentos irradiados incremente el riesgo de padecer cáncer.

Agua y otras bebidas.

Agua:

      El consumo de agua y otros líquidos no alcohólicos puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar cáncer de vejiga, puesto que el agua diluye los posibles carcinógenos y acorta el tiempo que está en contacto con la mucosa de la vejiga. Algunos estudios sugieren que además puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de colon. Se recomienda, por tanto, que se ingieran las cantidades adecuadas.

Café:

      En algunas mujeres la cafeína puede incrementar la sintomatología propia de la mama fibroquística (un tipo de enfermedad benigna de la mama). Sin embargo, no existen evidencias científicas que relacionen la cafeína con un incremento del riesgo de desarrollar cáncer de mama o de cualquier otro tipo. 

Té:

      Algunos investigadores han propuesto que el té podría proteger frente al cáncer gracias a sus propiedades antioxidantes. Ciertos estudios en modelos animales sugieren que algunos tés, como el té verde, podrían reducir el riesgo de desarrollar cáncer, pero hasta ahora no se dispone de datos que demuestren este mismo efecto en humanos.

Bebidas alcohólicas:

      El consumo de alcohol es una causa reconocida de cáncer de boca, faringe, laringe, esófago o hígado. También se le ha implicado como causante del cáncer de mama, y probablemente de colon y recto. No se conoce con precisión la relación entre alcohol y cáncer de mama pero podría estar relacionado con el incremento de estrógenos circulantes o de otras hormonas, la reducción de los niveles de folatos, o al efecto directo del alcohol o sus metabolitos sobre el tejido mamario. No se debería consumir más de dos copas de alcohol por día, en el caso del hombre, y una copa al día en la mujer.

Consejos dietéticos para prevenir algunos tumores específicos.

Cáncer de vejiga:

      Los factores de riesgo principales para este tipo de tumor son fumar tabaco, y la exposición a ciertos compuestos químicos industriales. Hay ciertas evidencias que sugieren que el consumo abundante de líquidos (agua fundamentalmente), así como el consumo generoso de vegetales podría disminuir el riesgo de desarrollar este cáncer.

Cáncer de mama:

      Los factores de riesgo pueden ser diferentes para el cáncer de mama diagnosticado antes o después de la menopausia. Hay evidencias consistentes que indican que el incremento de peso durante la edad adulta se asocia con un incremento del riesgo de padecer cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas. La ingesta de alcohol se asocia con un incremento de riesgo de padecer este tumor, sobre todo en mujeres con ingestas deficitaria de ácido fólico.
      La actividad física de intensidad entre moderada y vigorosa se asocia a una disminución del riesgo de desarrollar cáncer de mama tanto en mujeres pre como postmenopausicas.
      En conclusión, los mejores consejor para reducir el riesgo de cáncer de mama son: evitar el sobrepeso y la obesidad combinando la restricción calórica y fomentando la actividad física y evitar el consumo de bebidas alcohólicas.

Cáncer colorrectal:

      Los factores de riesgo de desarrollar cáncer colorrectal son: historia familiar de este tipo de tumor; hábito de fumar, ingerir bebidas alcohólicas, obesidad e ingesta de carnes rojas y procesadas.
      Los factores que se asocian a una disminución del riesgo son: dietas ricas en vegetales y frutas; actividad física de intensidad entre moderada y vigorosa al menos durante 5 días a la semana; limitar la ingesta de carnes rojas y procesadas; consumir productos ricos en calcio; evitar el consumo de bebidas alcohólicas.

Cáncer endometrial:

      Los factores de riesgo para este tipo de tumor son: exposición excesiva del endometrio a los estrógenos no contrarrestada por la progesterona; obesidad, que en las mujeres premenopáusicas se ha atribuido a la resistencia a la insulina, anovulación, deficiencia crónica de progesterona asociada al sobrepeso.
      Los mejores consejos para reducir el riesgo de cáncer  endometrial son: evitar la obesidad consumiendo una dieta saludable e incrementando la intensidad y duración de la actividad física; ingerir alimentos de origen vegetal; limitar la ingesta de carnes rojas y procesadas, grasas saturadas y de origen animal.

Cáncer de estómago:

      Los mejores consejos par intentar reducir el desarrollo de cáncer gástrico son: adoptar una dieta rica en alimentos variados de origen vegetal y frutas; reducir o evitar el consumo de alimentos conservados en sal; mantener un peso corporal saludable.

Nutrición durante y después del tratamiento tumoral.

      Actualmente, se estima que en todo el mundo hay 24,6 millones de personas con cáncer. Para la mayoría de estas personas, sus necesidades nutricionales sufren importantes cambios. Los consejos nutricionales que se deben norificar a estas personas tendrán como objetivo ayudar a: la exitosa finalización del tratamiento, favoreciendo los efectos farmacológicos de éstos; recuperar al enfermo del tratamiento al que ha sido sometido y prevenir recurrencias, desarrollo de tumores secundarios o la aparición de otras enfermedades crónicas.

Nutrición durante el tratamiento tumoral.

      El cáncer causa profundas alteraciones metabólicas y fisiológicas que afectan a las necesidades nutricionales de proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas y minerales. Además, los tratamientos antitumorales (cirugía, irradiación, quimioterapia) tienen un significativo impacto sobre las necesidades nutricionales, alteran los hábitos de comidas y tienen un efecto adverso sobre la forma en que nuestro organismo digiere, absorbe y aprovecha los alimentos ingeridos.

      Los objetivos generales en este período serían prevenir o, incluso, revertir las deficiencias nutricionales, preservar la masa grasa corporal, reducir ciertos efectos adversos como son la disminución del apetito, náuseas, cambios en el gusto, o en los hábitos intestinales y, en definitiva, favorecer la calidad de vida de estas personas.


  • Para aquellos individuos que presenten una reducción de apetito se les aconseja que realicen comidas compuestas por cantidades reducidas de alimentos sin acompañamiento de bebidas, incrementando su periocidad.
  • Para aquellos enfermos incapaces de ingerir la totalidad de los nutrientes necesarios con las comidas efectuadas, se les aconseja tomar un complemento de preprarados nutricionales, normalmente de naturaleza líquida, más o menos densos que pueden ser realizados en casa, o bien, adquirirlos ya elaborados.
  • Para aquellos individuos incapaces de completar sus necesidades nutricionales por los medios anteriores, será necesario recurrir a la nutrición enteral a través de sonda o, la nutrición parenteral intravenosa.

      Un aspecto importan es la actividad física y el ejercicio que puedan desarrollar estas personas. El ejercicio moderado durante el tratamiento tumoral es una medida saludable que puede influir positivamente en su calidad de vida. Se ha descrito que tiene efectos psicológicos positivos, ayuda a disminuir algunos efectos secundarios postratamiento, colabora en la prevención de la obesidad y la osteopenia. A aquellas personas que fueran sedentarias antes del diagnóstico y tratamiento se les aconsejará el desarrollo de actividades de baja intensidad, como pueden ser animarles a que caminen y/o realicen ejercicios moderados basados en estiramientos y estimulación de la movilidad en general.

Nutrición después del tratamiento tumoral.

      Una vez concluido el tratamiento, el paciente oncológico entra en una etapa de recuperación de los efectos secundarios o complicaciones que, además, poseen cierta relevancia sobre el estado nutricional, entre otros: anorexia persistente, cambios en el sentido del gusto, imposibilidad de reponer la masa corporal tras el tratamiento, diarrea o estreñimiento persistente, etc. 

      Anteriormente, se han expuesto las principales recomendaciones relacionadas con aspectos nutricionales  y de la actividad física que son aconsejables para prevenir el cáncer. Pues bien, estas mismas recomendaciones son, en su mayoría, asumibles y válidas en esta etapa. Básicamente las principales recomendaciones serían.

  • Mantener un peso corporal saludable.
  • Adoptar un estilo de vida activo en el que la actividad física ocupe un lugar destacado.
  • Consumir una dieta saludable, haciendo especial énfasis en el consumo de alimentos de origen vegetal.
  • Limitar el consumo de bebidas alcohólicas.
      El ejercicio y la actividad física son hábitos y actitudes vitales muy destacadas en estas etapas, se asocia con la mejora de la capacidad cardiovascular, fuerza muscular, composición corporal, fatiga, ansiedad, depresión, autoestima, sensación de bienestar y, en general, con diferentes componentes que repercuten directamente en la calidad de vida de los supervivientes a un cáncer.

      A los supervivientes de un cáncer, se les debe dar una información básica sobre la dieta adecuada en su caso y se les debería dar información útil y fácilmente comprensible sobre nutrición humana. Deben ser informados sobre las cantidades recomendadas de los principales nutrientes que deben ingerir. En general se les recomendará una dieta variada y saludable en todos sus términos, siempre precedido de un estudio nutricional individualizado y teniendo muy presente las particularidades de cada uno de los enfermos (edad, enfermedades, complicaciones y/o efectos secundarios postratamiento, etc.). Se les debería dar unas pautas individualizadas sobre la conveniencia o no de consumir suplementos dietéticos adicionales, como podrían ser vitaminas, minerales, etc.


Próxima entrada: Dieta mediterránea 

Si tienes alguna sugerencia para futuras entradas no olvides dejar tu propuesta. Gracias.

Pedrocuencanutricion@gmail.com


Bibliografía:

Mataix Verdú, José. Nutrición y alimentación humana. 2ª edición. Majadahonda (Madrid): Ergón, 2009.