lunes, 18 de junio de 2012

Trastornos de la Conducta Alimentaria (anorexia y bulimia nerviosa) Parte II

¿Como se reconoce un trastorno alimentario?

      Disponer del conocimiento para diferenciar si la forma de comer de un/a hijo/a, los cambios bruscos en el rendimiento escolar o la perdida de peso y los problemas físicos de un/a paciente, corresponden a comportamientos característicos de la etapa adolescente o son señal de inicio de un trastorno de la conducta alimentaria, posibilita el diagnóstico precoz, ingrediente fundamental de un pronóstico favorable. Por esta razón, los padres interesados y las personas que tienen a su cargo la educación y el cuidado de niñas/os adolescentes y jóvenes deberían no sólo adquirir unos conocimientos mínimos acerca de los trastornos sino también aprender a actuar con tacto y sabiduría.


  • Preocuparse en exceso ante el mínimo indicio de manipulación alimentaria no es positivo ya que pueden ser comportamientos normales. La alarma de los padres o educadores puede abocar al desarrollo de un trastorno que estaba al comienzo y que, quizá, con un poco de atención a su crisis adolescente, hubiera podido solventarse con facilidad.
  • No preocuparse es perjudicial. La posición opuesta tampoco es correcta. No tomar en cuenta los primeros indicios del desarrollo del trastorno es perjudicial porque permite que la patología profundice en la paciente y se niegue a recibir ayuda.
El inicio de los trastornos.

      Marcar la línea divisoria entre normalidad y patología, en los comienzos del trastorno, es difícil incluso para los expertos. En nuestra sociedad hacer dieta tiene un carácter de moda y las conductas que realizan muchas personas, sean niños, adolescentes o adultas, son aparentemente indistinguibles de las realizadas en los estadios  tempranos de la anorexia y la bulimia. No obstante existen algunas diferencias que facilitan la percepción temprana de los trastornos.

El inicio de la anorexia.

      Es casi imperceptible y sus primeros síntomas pueden aparecer a los ojos de los demás como una forma de autodisciplina y fuerza de voluntad. A las pacientes se las considera personas modélicas por su preocupación y solidaridad por los demás <<Es la única que me ayuda>>, dice la madre, orgullosa de su hija. Los/as pacientes que están desarrollando una anorexia, se comportan generalmente de manera modosa, mantienen un ritmo de estudios excesivo, con el consiguiente rendimiento académico que llega a ser espectacular. Poco a poco el aumento de sus actividades obstaculiza las salidas con amigos... <<No tiene tiempo ni de quedar con las amigas, porque entre estudiar, el deporte y atender la responsabilidad que tiene en sus tareas de voluntariado>>, explican orgullosos sus familiares que no se dan cuenta de que su hija está empezando a aislarse.

      Empieza a restringir su comida, quizás eliminando el desayuno, quitándose el bocadillo de la mañana o el pan de la comida... De pronto surgen las excusas para no comer con la familia, <<Estoy muy ocupada/o>>. Logra que su dieta sea cada vez más extremada, ayuna, cuenta calorías, adelgaza y se siente triunfante. Exhibe su pérdida de peso mientras produce admiración al que la mira hasta que un día alguien hace algún comentario sobre su aspecto delgado. A partir de entonces enmascara su cuerpo vistiendo ropas anchas y superpuestas.

       Es posible que en los primeros momentos la gente de su alrededor la vea muy contenta. Esta etapa de exaltación y contento pasa pronto y los familiares, que la han visto tan activa y sonriente sin causa aparente para ellos, observan cómo su humor cambia con rapidez, y al momento siguiente de tanta sonrisa, la ven irritada, enfadada. El enfado será descomunal si le comentan que come poco o que se está quedando muy delgada. Cuanto más irritada se ponga por esos comentarios y más esfuerzos haga por negarlos, más posibilidades existen de que esté instaurada una anorexia.

El inicio de la bulimia nerviosa.

      Su comienzo y una parte importante de su desarrollo, pasa desapercibido durante meses o años a los ojos de los demás y sus primeros síntomas pueden parecer la consecuencia de una constitución física excepcional que le permite comer mucho y estar delgada.

      La/el paciente que en estos primeros momentos mantiene una apariencia corporal, psicológica, académica y laboral totalmente normal, logra disimular muy bien los pequeños momentos de cansancio, las visitas al baño y la falta de comida en la casa. La explicaciones que da cuando la encuentran por la noche en la cocina o sale del baño, siempre parecen pertinentes. 

      Como consecuencia del inicio de los atracones, los vómitos y los laxantes, se producen rápidamente dos señales de alarma características del trastorno. 

                               - La primera señal es la prontitud con la que se acaba la comida en casa. Los
                                  alimentos se acaban con tanta rapidez que probablemente necesiten aumentar el 
                                  presupuesto familiar asignado a la compra.

                               - La segunda señal es el aumento de la frecuencia y cantidad de tiempo que pasa
                                 en el cuarto de baño, tiempo en el que se oye correr el agua del váter, la ducha, el 
                                 lavabo o la bañera.

      Las relaciones familiares, sociales y sentimentales de los momentos iniciales suelen ser ejemplares ya que derrocha alegría y amabilidad hacia todo el mundo. Laboralmente se entrega a su trabajo y es probable que logre el triunfo y el ascenso. Con cierta frecuencia acceden a puestos de responsabilidad que mermarán su tiempo libre. Pasará algún tiempo hasta que este castillo construido de apariencias se derrumbe y afloren los problemas.

      Es frecuente que tenga enfrentamientos muy desagradables con alguna compañera que considere competidora o peligrosa o trate de conseguir que su novio este enteramente a su disposición, hechos que ponen ya de manifiesto la intolerancia a la frustración y el egoísmo, propios del trastorno bulímico.

El Camino a la Recuperación.

      La recuperación es lenta y gradual, con numerosos episodios de retroceso de deslizamientos a posiciones anteriores que ya parecían estabilizadas. La recuperación, que se obtiene plenamente en, al menos, las dos terceras partes de las pacientes, se empieza a manifestar en unos signos que no siempre son fáciles de percibir, en incluso, en algunos momentos, parecen fracasos.Un grupo de pacientes, al inicio de su tratamiento pierde más peso o aumenta sus atracones o sus vómitos, quizás a modo de despedida, en un último intento de realizar aquello que saben que va a terminar. Otras dejan de atracarse o vomitar inmediatamente, generalmente para complacer al terapeuta, y después pierden esa aparente mejoría.

      La mayoría de las pacientes mejora ligeramente en los primeros meses de terapia, aumentando la ingesta voluntaria de alimentos. El estado físico tan lamentable de muchas pacientes anoréxicas impide que esta ligera corrección nutricional se manifieste con prontitud en el peso.Sin embargo, la mejoría nutritiva se empieza a ver en un mejor funcionamiento de su organismo, manifestado a través de signos tales como la estabilización de la temperatura corporal, el pulso y ritmo cardíaco, la hidratación de la piel y del cuero cabelludo, el aumento de las horas de sueño o la capacidad para sentarse y descansar. En las pacientes bulímicas la mejoría se percibe por signos indirectos, como son el incremento del tiempo que perdura la comida en la nevera, la capacidad de esperar y tolerar las frustraciones. Según progresa la terapia, comienzan a notarse otros cambios significativos, que si se mantienen sin vigilancia le llevarán a la normalización de su alimentación, la recuperación estable de su peso y la autonomía de su vida.

Las recaídas.

      Una vez la paciente se ha recuperado, se inicia la parte del tratamiento correspondiente al mantenimiento de la recuperación, denominada prevención de recaídas. La paciente se siente responsable, su salud ha dejado de ser preocupante, su comida mantiene el equilibrio necesario... es tiempo de iniciar el distanciamiento de las consultas. La vida normal comienza, pero la vulnerabilidad está presente y no se puede desestimar el apoyo que necesita.

Qué es una recaída:  Recibe el nombre de recaída la ocurrencia de aquellos comportamientos en los que ya se había hecho un progreso y cuya reincidencia produce una merma de los conseguido, pudiendo empujar a la paciente, incluso, al nivel inicial de su patología.

      El momento más probable de recaída ocurre durante el primer año de alta, aunque puede surgir durante los 5 años posteriores si se produce una situación de estrés muy intensa o se origina un cambio radical en la forma de vida de la paciente.

La Prevención.

     La idealización de la delgadez se ha infiltrado en personas de cualquier edad, desde edades tan tempranas como los 2 años, hasta edades posmenopausicas. Las actitudes de repudio hacia razas, defectos físicos y peso de los niños actuales, evaluadas en investigaciones en las que se incluyen muñecas pertenecientes a distintas razas, con discapacidades físicas y estructuras corporales diversas, han puesto de manifiesto que hasta las niñas de 2 años responden que son las muñecas más delgadas quienes tienen más amigos.

      Los niños son 5- 6 años, ya conscientes de su apariencia, afirman que les da risa y se mofan de los animales o personajes gordos de los cuentos. Los niños con edades comprendidas entre los 7 y 9 años han aprendido, del mundo adulto que les rodea, que la gordura es fea y estiman el peso normal como sobrepeso. Su actitud hacia la gordura, excluyente y "racista", les lleva a percibir a la gente gorda como vaga y mentirosa y a la gente delgada, alegre, divertida y sin problemas. Ellos, por supuesto, quieren ser así de guapos y alegres y les produce horror engordar. Desgraciadamente, esta influencia social se refuerza en la familia. Algunos padres advierten a estos hijos tan pequeños que tengan cuidado con la comida, induciendo preocupación por la delgadez en los chicos y preocupación por la altura en las chicas.

Familia y prevención.

      La relación con la comida comienza desde el nacimiento y la prevención de los trastornos alimentarios, también. Situar la comida en el espacio físico y psíquico adecuado es una tarea que empieza en la familia y le corresponde a ella, en primera instancia, después vendrán otros agentes sociales, que podrán completar o corregir su labor.

      Lo primero es escuchar las necesidades de sus hijos, respetar su hambre y ritmo de ingesta, evitar la utilización de la comida para calmar su ansiedad y no manipular su cuerpo. Actualmente se acepta que la mejor forma de alimentar al bebé sano es darle de comer cuando tiene hambre, permitiendo que estabilice su comida alrededor de una franja horaria, de forma espontánea.

      Los padres preparan la patología alimentaria cuando tratan de manipular el peso de sus bebés, disminuyendo su comida o sobrealimentandolos. A los niños que se les fuerza a comer más de lo que ellos quieren, se les induce aversión a la comida y tratan de comer poco, en cuanto tienen ocasión. A los que se les alimenta poco, se les induce obsesiones de comida y tienden a darse atracones al más mínimo descuido. La prácticas que obligan a comerse todo lo del plato, en un tiempo límite, de forma muy estricta, producen una aversión de tipo anoréxico. Las prácticas educativas que tratan de evitar todas las "chuches" y controlan la comida de aquellas hijas que con 8 - 9 años empiezan a estar "gorditas", produce un deseo de comida de tipo bulímico y obesidad.

      Esto no significa que los hijos puedan comer a todas horas, en todos los sitios, todas las comidas que les apetezca, Al igual que cualquier otro miembro de la familia, tiene que estructurar su alimentación, aprender a esperar la hora de la comida, comer en la mesa y aceptar lo que ponen para comer.

      Los padres previenen los trastorno si, además, ellos mismos desarrollan hábitos alimentarios sanos, hacen ejercicio de forma regular, aprenden a manejar el estrés, regulan sus emociones y tratan a las personas con respeto. Ciertas acciones o actitudes complementarias acrecientan la fuerza de la prevención:


  • Disminuir la importancia que da la familia a la apariencia de las personas.
  • Limitar el tiempo dedicado a ver la TV, porque promueve la vida sedentaria, el consumo de "guarrerías" y visión de patrones de belleza irreales.
  • Hacerle saber que se quiere a los hijos, a pesar de lo que pesen.
  • Ofrecer las mismas oportunidades a las chicas que a los chicos.
  • Compartir actividades que no impliquen comida y sí ejercicio al aire libre.
  • Evitar la utilización de la comida como premio o castigo.
  • Implicar a la familia para cocinar en el fin de semana y compartir lo cocinado.
  • No incitar a la hija a realizar deportes de alta competición o carreras que exijan la delgadez como base del triunfo profesional.
  • Eliminar los comentarios negativos sobre el cuerpo de la hija, de la madre y de otras mujeres.
  • Valorar el desarrollo personal y no la perfección.
  • Ayudar a construir la autoestima de los hijos, proporcionándoles un trato respetuoso. 

Decálogo de hábitos saludables.

  1. Una alimentación correcta y saludable puede ayudarte a que te sientas mejor y más fuerte para afrontar el día a día.
  2. Una alimentación saludable es comer de forma variada combinando todo tipo de alimentos, es decir, comer un poco de todo, adaptándose a las necesidades individuales.
  3. Muchas enfermedades aparecen por no tener una buena alimentación y no tener hábitos saludables de vida.
  4. Las comidas deben formar parte de sensaciones positivas y agradables y nunca deben ser un acto rutinario o insatisfactorio.
  5. Cuidado con consumir alimentos contaminados a causa de una conservación, manipulación o elaboración inadecuada.
  6. Realizar ejercicio físico todos los días.
  7. Evitar el excesivo consumo de sal y azúcar. Así como evitar los excesos de alcohol y tabaco.
  8. El aumento del consumo de fibra en la dieta ayuda a controlar el exceso de azúcar y colesterol en la sangre.
  9. Si quieres tener fuerza para saltar, no te saltes el desayuno.
  10. No existen alimentos prohibidos. Se pueden combinar todo tipo de alimentos adaptándose a las necesidades de cada persona.


Próxima entrada: Características generales de un menú deportivo.

Si tienes alguna sugerencia para futuras entradas no olvides dejar tu propuesta. Gracias

Bibliografía:

Calvo Sagardoy, Rosa. Anorexia y bulimia Guía para padres, educadores y terapeutas. 2ª edición. Barcelona: Editorial Planeta, 2002.
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